domingo, 20 de septiembre de 2015

140. la ley del más fuerte


Los animales salvajes se roban unos a otros todo lo que pueden. Si alguna vez hemos maldecido a nuestra especie comparándola con el resto de animales para intentar poner en alto su valor ético por encima del nuestro, quizá sería bueno que reconsideremos nuestros conocimientos en ese sentido y veamos algún documental especializado, leamos una buena guía de consulta o incluso salgamos alguna vez al campo, para que así podamos ver cómo los zorros roban la comida de las despensas de otros depredadores, cómo los leones se las arreglan para conseguir las gacelas que cazan las hienas a las que tachamos de estrictas carroñeras, o de qué manera las gaviotas se atracan entre sí o incluso se atreven a incordiar a las grandes rapaces como los pigargos, que bien podrían ser sus predadoras, para obligarlas a soltar su presa recién capturada. El mundo animal, como vemos, está lleno de curiosidades, y sobre todo de oportunistas. Tanto es así, que hay especies, o incluso individuos aislados dentro de una misma especie, que se especializan en quitarle la comida a otros animales, en vez de gastar su tiempo y su energía en cazarlos ellos mismos. Estas curiosidades a veces las podemos contemplar sin esfuerzo alguno no en documentales, ni en un libro, ni siquiera en el campo. A veces el centro de una gran ciudad puede convertirse en el escenario del más imponente de los documentales de naturaleza. El río Guadalquivir a su paso por la capital cordobesa es uno de estos ejemplos, No es la ley del más fuerte; yo creo que es, más bien, la ley del más hambriento.

domingo, 24 de noviembre de 2013

139. los cabellos de medusa

Apenas ha sonado todavía ese maldito nombre y ya tenemos a la mitad de la población de estos lares pronunciando extrañas oraciones y bailando curiosos rituales, cuando no contándonos increíbles hazañas de valerosos y arriesgados cazadores y alguna que otra historia (por no llamarla leyenda mitológica) de algunos comportamientos que, después de entrevistar a sus supuestos testigos, poco tardamos en adivinar que en prácticamente el 100% de los casos la respuesta a la última de las preguntas es una especie de "no no, si yo no lo he visto, pero Fulanito de Copas me lo ha contado".

Desde que su más antiguo ancestro engañara a Adán y Eva en el Edén, las serpientes han estado en la cultura popular como un enemigo de la humanidad, pesando sobre ellas una injustificada leyenda negra que las ha llevado a ser perseguidas desde que la especie humana tiene "uso de razón". Yo creo que si hubiera que buscar una forma rápida para sembrar el terror en casi cualquier persona de casi cualquier cultura del mundo, difícilmente podríamos hacerlo mejor que tirándole una serpiente de goma en la cara sin previo aviso.

Al margen de las temibles estadísticas a nivel mundial que se nos presentan delante de nuestros ojos, estamos, sin embargo, ante uno de los plaguicidas naturales más baratos y eficaces del mundo. Lejos estamos en nuestras latitudes de la presión que representan algunas especies de serpientes en algunas partes del mundo. Con todo esto, debemos tener en cuenta que cualquier serpiente del mundo, si no es intimidada por nuestra curiosidad, jamás va a atacar por placer al ser humano. Las serpientes, al igual que el resto de los animales venenosos de este planeta, necesitan su veneno para cazar, y lo que menos les interesa es malgastarlo por nuestra causa.

No obstante, si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los ataques de serpientes peligrosas a seres humanos son perfectamente evitables, solo nos queda agradecerles la intensa y eficaz labor que estos seres desarrollan en nuestro entorno en beneficio de la agricultura, ya que se ocupan perfectamente de mantener a raya las poblaciones de micromamíferos de nuestros campos, lo cual convierte a este animal en uno de los mejores amigos de los agricultores.

No todas las serpientes son venenosas, y además en España no tenemos serpientes especialmente peligrosas en ese sentido ni extremadamente grandes. La mayoría de los ataques de las víboras españolas necesitan de asistencia o al menos vigilancia médica, pero por suerte no suelen tener consecuencias. La culebra bastarda, por otro lado, que es nuestra serpiente más grande, según datos oficiales no suele pasar de 240 cm. Mi mayor registro personal es una camisa incompleta que después de las respectivas reglas de tres le he calculado unos 220 cm, de los cuales habría que quitar unos 20 cm, porque las camisas se estiran un poco después de la muda (la piel de las serpientes es elástica y las escamas se distancian un poco).

Aunque este tamaño pueda resultar un tanto conmovedor cuando se tiene la ocasión de observar algún ejemplar viejo en el campo (los que llegan a esa edad), lo cierto es que este factor no representa ni mucho menos un peligro para el ser humano. Depende de la especie, pero no es normal que una serpiente de menos de 4 metros pueda resultar peligrosa para nosotros si solo tenemos en cuenta su tamaño. Además, la situación del rudimentario aparato inoculador de veneno de la culebra bastarda en la región posterior de su mandíbula y la relativamente escasa acción de su veneno en nuestro organismo restan también peligrosidad a una especie que debemos conservar.

Estemos pues, tranquilos, cada vez que estemos en alguna zona bien poblada de serpientes, vayamos bien equipados aunque haga calor (botas, pantalon largo...) y sobre todo no cojamos JAMÁS una serpiente si no sabemos de qué especie se trata.

viernes, 14 de junio de 2013

138. otra etapa


Parece que ya se ha ido del todo el frío y eso se hace patente un año más, una primavera más, un verano más, en la práctica totalidad de la campiña española. Parece también que la memoria nos falla una vez más y nunca nos acordamos de que la primavera es la estación del año en la que se producen los cambios térmicos y climáticos más bruscos, y que aunque ya esté comprobado que la temperatura media está experimentando un ligero incremento desde hace muchos años, lo cierto es que no es ese factor precisamente sino lo que los científicos llaman el fotoperiodo lo que mueve a nuestros pequeños y grandes habitantes de la parte agreste de nuestro planeta a hacer todos los años las mismas cosas en las mismas fechas del calendario. Hoy algunos lagartos ocelados todavía siguen en celo, pero poco a poco, en estos días en los que estamos en los que el tiempo que pasa desde que sale el sol hasta que se pone alcanza ya el número de horas que se ha establecido en su código genético, los machos de ocelado irán dejando poco a poco de interesarse por las hembras y volverá a iniciarse una nueva etapa en la vida de estos seres. Solo en determinadas ocasiones, algunos factores como por ejemplo un cese ocasional de las lluvias darán lugar a alguna etapa en las pautas de conducta de algunas especies tanto animales como vegetales, pero siempre en las épocas del año que correspondan.

miércoles, 5 de junio de 2013

137. el cazador de plata


Estamos ante una de las etapas del año más críticas en cuanto a la conservación de la fauna salvaje de nuestro país (vaya forma de empezar, ¿no?). A pesar de las buenas intenciones conservacionistas de algunos colectivos, particulares e incluso agricultores, hoy día los aguiluchos cenizos siguen sobreviviendo a las actividades agrícolas que se llevan a cabo en sus territorios como buenamente pueden. La siega del cereal, el medio donde suelen anidar los aguiluchos, coincide habitualmente con los últimos días de los pollos en los nidos, lo cual provoca que las bajas en los individuos de esta especie durante esta época del año sean superiores a las necesarias biológicamente hablando. Prácticamente apenas sobreviven unos pocos pollos cada temporada, lo cual ha provocado que hoy día el aguilucho cenizo ostente una categoría de amenaza que recibe la catalogación de Vulnerable en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Esto en la práctica se traduce en algo tan sencillo como dramático: ahora mismo están muriendo muchos pollos de aguilucho cenizo bajo muchas de nuestras cosechadoras.

Si tienes localizada alguna colonia de aguilucho cenizo y temes por ella, puedes llamar al teléfono 651 692 055. Al otro lado habrá una persona de esas que no dudan de encargarse del trabajo que sea necesario para salvar a los pollos de esta especie, que como todos sabemos, al tratarse de un depredador de presas de baja alcurnia podemos considerarlo un gran aliado de la agricultura.

viernes, 31 de mayo de 2013

136. los últimos pastoreos por la campiña


Principios de agosto, campiña cordobesa, por debajo del Paralelo 38, 15:44 UTC, unos 50ºC al sol. Nada frena a los pastores en esa labor diaria y ancestral que siempre ha estado presente en los medios rurales de toda la geografía mundial. El uso de un potente teleobjetivo junto a un multiplicador de focal permite al fotógrafo trabajar a una gran distancia de la acción, lo cual tranquiliza a los sujetos fotografiados manteniendo así su espontaneidad a la vez que nos permite atravesar la vibrante atmósfera canicular que se deja caer a esta hora del día y comprimir la perspectiva de tal forma que nos hace posible ver ópticamente el intenso calor que cae del cielo y rebota en el suelo árido deformando las imágenes hasta un nivel que raya casi en la abstracción. Bajo el tórrido sol, con lluvia, con frío o durante un apacible día festivo de primavera mientras los demás están tomándose algo en un bar; da igual, todos los días del año veremos a nuestros pastores fundir la música de los cencerros con la melodía que sale de lo más profundo de la simbiosis que ese arte en peligro de extinción al que hemos venido en llamar ganadería tradicional ha sabido mantener intacta en el medio en el que desarrolla su atávica labor.

Aprovecho la ocasión para informaros de que he hecho algunos cambios en mi página web. Ahora tiene más fotos y más recientes, y voy a intentar actualizarla a menudo para tenerla siempre al día. Nada más abrir la página nueva se han originado algunos errores de funcionamiento en la misma a nivel interno, pero ya se está trabajando para solucionarlos y además esos fallos no afectan a la visualización de la página en sí. Faltan algunos enlaces, algunas entradas del blog y algunas cosas más, pero ya se pueden ver fotos, que es lo que más importa ahora mismo. Espero que os guste.

http://www.manuelcruz.es/

sábado, 25 de mayo de 2013

135. el último eslabón


A esta hora del día ya se han marchando casi todos los buitres de esta parte del Prepirineo catalán, no sin antes haber llenado el buche en una gran carroñada, justo cuando entra en escena uno de los animales más escasos y espectaculares que podemos observar en la Naturaleza europea. Con una elegancia suprema, y con la maestría que debe caracterizar al rey supremo de las cumbres ibéricas, un quebrantahuesos aterriza junto a los restos de huesos y los esqueletos roídos por los buitres que se acaban de dar el festín. Pero nuestro amigo no ha llegado tarde a la merienda en este particular cementerio. Más concretamente podríamos decir que ha llegado en el momento más adecuado para formar parte del último eslabón de la cadena trófica. Si los que creemos entender el lenguaje del campo amamos a los buitres porque son los encargados de limpiar el campo de los restos de los animales muertos y de las sobras de los banquetes de los carnívoros, esta vez podemos decir que el quebrantahuesos se merece la medalla de oro porque es el que viene a por las sobras de los comedores de sobras. Con una puntería que ya quisiera para sí el mejor de los bombarderos actuales, el quebrantahuesos dejará caer cada hueso que recoja para que la gravedad haga el resto del trabajo y así poder acceder al interior del hueso. Después de 2 días seguidos de sesión con unos cuantos grados bajo cero, durmiendo en el hide y con algunas imágenes de estas espectaculares aves en nuestra retina y otras cuantas en las tarjetas de la cámara, uno de nuestros amigos despega una vez más transportando un hueso para hacerlo pedazos en algún rompedero cercano.


domingo, 19 de mayo de 2013

134. escalera


Una culebra de escalera subadulta se desplaza lentamente por un pequeño talud de la campiña cordobesa a última hora de la tarde, quizá con la intención de depredar algún nido de abejaruco. Yo creo que la imagen en sí misma nos deja claro el origen del nombre de esta especie, que sin embargo solo muestra el dibujo en forma de escalera durante la etapa media de su vida. Cuando son jóvenes, las culebras de escalera poseen una librea a base de líneas transversales de color negro, a las que poco a poco se le van añadiendo un par de líneas oscuras a los lados a medida que la serpiente va creciendo, formando el típico dibujo en forma de escalera que da nombre a esta necesaria especie. Cuando alcanzan la fase de adultas, van desapareciendo progresivamente los "peldaños" de la escalera y aumentando el contraste de los "pasamanos", a los que acompañan otras dos líneas longitudinales muchísimo más tenues en algunos ejemplares. Resulta curioso que a esta especie se la encuentra frecuentemente con algunas cicatrices a lo largo del cuerpo y a muchos ejemplares les falta la punta de la cola, también con alguna cicatriz. La culebra de escalera es también el ofidio diurno que más suele campear durante la noche, sobre todo en los días más cálidos de finales de primavera y de verano.

domingo, 12 de mayo de 2013

133. amor en el olivar


Una pareja de lagartijas andaluzas pone en marcha el que es precisamente el método más eficaz que existe en el mundo para evitar la extinción de su propia especie. Estos pequeños reptiles, pertenecientes a la familia de los lacértidos, sufren la depredación de unos cuantos componentes de la cadena trófica que están por encima de ellos en la compleja jerarquía de la pirámide ecológica y por eso se ven en la necesidad de traer al mundo el mayor número posible de descendientes. Las lagartijas que sobrevivan a la acción depredadora de los ofidios, las rapaces, los demás depredadores y de nosotros mismos serán las encargadas de cobrar la renta a los insectos voladores que tanto por cu... estooo... que tanto nos van a molestar este verano que ya tenemos casi encima.

martes, 7 de mayo de 2013

132. el acorazado del río


En la orilla de un pequeño arroyo que todavía se muestra generoso gracias a las importantes lluvias que hemos tenido este año, un galápago leproso al que por cierto le falta una uña (y no precisamente por la lepra) hace gala de su porte mientras decide que no quiere estar tan cerca de un fotógrafo. Pocos seres han conseguido atraer tanto la atención de los niños como las tortugas, unos animales que tradicionalmente han sido y son casi las estrellas indiscutibles en muchísimos de los patios de las casas de nuestras latitudes. La captura de estos quelonios para su mantenimiento en cautividad es precisamente una de las muchas causas de su declive como especie, junto a la alteración de su hábitat y la competencia que desde hace unos años le ofrecen otras especies alóctonas de tortugas introducidas accidentalmente por el ser humano. El deteriorado aspecto que le otorga el frecuente crecimiento de unas algas en su plastrón que a menudo le provocan el desprendimiento de sus placas córneas da el apellido a una especie que queda muy lejos de desarrollar esta conocida enfermedad.

martes, 30 de abril de 2013

131. el galán de la llanura




Saludos les sean dados, nobles semejantes. Quisiera yo con aqueste escrito mentar los atributos e bien dotados rasgos desta la gran ave de las vastas llanuras de la meseta castellana de la nuestra nación, e arriésgome yo para tan arduos menesteres a desenpolvar las ancestrales hablas de la nuestra patria, sin conoscer siquiera los pormenores de la mi lengua propia, si vuesas mercedes me conceden la licencia.

No alcanzo a recordar qué tan desmedido hechizo hame encantado a mí para envolverme en semejante insania, mas aléjome yo algunas leguas de la villa que viome nacer, allá a las esas tierras perdidas de la mano de Dios do el venerado Mesías descuidó el su encendedor, cual tropel ansioso de mercarme codiciado retrato de esa la que los sabios servidores de la cofradía científica dicen "Otis tarda".

Barrúntome yo que acaecerá grande aventura en aqueste pago, e anteriormente al despunte del alba heme ya cautivo en el mi escondite cual demandan las normas e criterios del gremio de los correctos naturalistas consumados. Mas no me acongojo yo, e a poco de emprender la mi acechanza, aun bajo las estrellas, al fin vedo viril bravucón de alto porte e distinguida estampa procurando a la su fina pretendiente sin desaliño e con harto descaro e osadía. Mas yo, el valiente fidalgo en ese arte a razón de rondar e retratar a los hijos de la nuestra tierra, no faltaré a la observancia de tan píos dogmas. Muéstranme con harta frecuencia e hasta tardía hora las avutardas de la tierra que dicen de "La Serena" sus airosas plumas de galán conquistador, mas por ventura mis atónitas pupilas no pueden dar crédito a semejante exhibición que aquestas aves preséntanme a treinta varas escasas de mi puesto.

El Astro Rey ha poco que oculta su luminoso rostro e asimesmo llega ineludible el final d´aquesta una de las más faustas gestas que jamás topara, e tras mantener luengo acecho debo emprender cautelosa retirada destos abiertos lares cual fantasma que nunca estuvo sumido en aqueste menester e tornar a la mi humilde morada cuyo usufructo disfruto. E para que vuesas mercedes tengan conoscimiento de la mi andanza por aquestas tierras rasas, solo resta obsequiaros con gentil presente para el deleite e regocijo de los vuestros ojos. Cosa hermosa e singular, vive Dios.

Quedad en buena hora, leales hermanos.



sábado, 27 de abril de 2013

130. la herencia del edén


La aparente tranquilidad con que posa esta culebra de escalera se verá rota justo en el momento en que el fotógrafo haga el más mínimo movimiento en falso. Desde que su más antiguo ancestro engañara a Adán y Eva en el Edén, las serpientes han estado en la cultura popular como un enemigo de la humanidad, pesando sobre ellas una injustificada leyenda negra que la ha llevado a ser perseguida desde que la especie humana tiene "uso de razón". Estamos, sin embargo, ante uno de los plaguicidas naturales más baratos y eficaces del mundo.

martes, 23 de abril de 2013

129. el sereno liliputiense


Con el hábito que le da nombre, y con la tranquilidad que le caracteriza, una culebra de cogulla se prepara para iniciar su actividad a última hora de la tarde. De costumbres principalmente nocturnas, esta especie de serpiente suele salir de su cubil cuando el sol todavía no se ha ocultado, después de haber permanecido todo el día debajo de una piedra pequeña regulando la temperatura de su cuerpo mediante un procedimiento que los científicos conocen con el nombre de tigmotermia. Cuando se siente amenazada, la culebra de cogulla se enrosca y oculta la cabeza entre sus anillos o muestra el diseño de la parte superior de su cuello con el objeto de intimidar a sus posibles enemigos. Aunque es venenosa, el pequeño tamaño de su cabeza y la poca flexibilidad de su cuello a la hora de morder, junto a la ubicación de sus pequeñísimos colmillos opistoglifos, impiden que esta pequeña culebra pueda convertirse en un peligro para la especie humana.

martes, 5 de febrero de 2013

128. el abuelo de sierra morena




Cuentan que existe un espíritu salvaje que a veces se aparece en esta parte del mundo, una criatura que con su sola presencia altera la tranquilidad de los pequeños y medianos mamíferos del matorral y revuelve el vuelo de los córvidos que encuentra a su paso como nadie. Su aspecto impone hasta al más valiente de los pobladores de este agreste lugar, y la tranquilidad y la decisión de su paso no inspiran nada de confianza hacia sus subordinados vecinos. No hay ni un solo alma salvaje que esté por encima de él en la pirámide trófica. No es un tigre ni un gato, pero todos los seres que comparten su área de campeo saben que el lince ibérico es el gran superdepredador del monte mediterráneo. El gato cerval es, como se suele decir vulgarmente y atreviéndome a llevar la expresión a una forma de ver las cosas más informal, el "puto amo" de la sierra. Es tal la superioridad de su rango trófico que puede incluso permitirse el lujo de campear tranquilo, sin más estrés que el que le pueda suponer la incertidumbre de no saber si el camino que lleva el declive de su especie le va a permitir al menos ser abuelo algún día.

La mixomatosis introducida por el hombre en los conejos de campo (especie que representa más del 90% de la dieta del lince); los atropellos en carreteras y caminos; el furtivismo con lazos, cepos, veneno e incluso a tiros; la fragmentación de sus actuales áreas de distribución y otros tantos motivos producidos por la acción del hombre han ido reduciendo la poblacion de estos fantasmas del matorral hasta convertir a este ya de por sí efímero ser en el felino más amenazado del mundo. Una frase tan repetida en los últimos años que a estas alturas más bien podría parecer un eslogan publicitario, pero lo cierto es que solo dos o tres cientos de ejemplares que quedan en libertad son los que mantienen su escasísima demografía en los dos últimos reductos oficiales que les queda en nuestra península, o mejor dicho, en todo el mundo. Una situación que pende de un fino hilo, pero que poco a poco va cobrando la salud que ya le va tocando, en buena parte gracias a la unión entre administraciones y propietarios de fincas privadas en las áreas donde este animal establece actualmente sus territorios de caza.

En este sentido podemos decir que el estrés que sienten los amantes incondicionales del lince también va bajando poco a poco, proporcionalmente a la lenta pero sin pausa subida de su aun escasa densidad de población. Pero ahora se le une un nuevo problema: el lince no puede dispersarse. Literalmente, los pocos gatos que quedan están encerrados en medio de sus escasos reductos, que no pueden ampliar por sí mismos por culpa del efecto barrera que le produce el hecho de tener que atravesar las infraestructuras construidas por el hombre que se encuentran a su paso, manteniendo sus poblaciones aisladas e incomunicadas e impidiendo así su intercambio genético. El rey del monte mediterráneo, derrocado por su antagonista humano. El rey del monte mediterráneo, hoy, sube poco a poco el número de sus efectivos gracias a su aliado humano. Curioso.

Pero no todo es malo. Hoy día los propietarios de las fincas y los cazadores de las zonas linceras son cada vez más conscientes de la importancia que tiene el lince para el correcto mantenimiento del equilibrio en las poblaciones interespecíficas. Como el más celoso de los guardianes, el lince no soporta la presencia de otros depredadores dentro de su territorio. Es por esto que siempre que pueda intentará mantener a raya las poblaciones de otras especies carnívoras terrestres como zorros, meloncillos o ginetas. Precisamente por esta razón ya no hace falta convencer a la mayoría de los interesados en las piezas de caza menor de que donde hay más linces, también hay más conejos. Es como si estas personas tuvieran una especie de guarda natural al que solo hay que pagar con un conejo al día, que es el que proporciona al lince las 750 calorías que necesita cada día para poder sobrevivir en su cada vez más hostil y reducido mundo.

Poco más de una hora antes de que el gran astro que mueve a todos los latidos del monte mediterráneo nos deje un día más para poder cerrar el ciclo y que todos los duendes del matorral puedan completar sus funciones, Cerrajero, llamado así por los científicos que trabajan con el lince ibérico en esta parte de la sierra, decide abandonar el lentisco donde ha permanecido oculto durante todo el día y se dirige lentamente hacia una presa cazada por él mismo y poco habitual en esta especie. Este gran lince, que a sus 14 años de edad puede presumir de ostentar el honor de ser el abuelo de Sierra Morena, hace sólo unas horas ocultó su preciado trofeo, un precioso muflón, cuya carne custodiaba desde un oteadero cercano con la intención de volver a la presa durante algunos días hasta terminar de engullirla. La costumbre de este animal de cazar ocasionalmente algún ungulado a pesar de sus diferencias de tamaño le ha valido en algunos lugares el apodo de gato cerval.

Cerrajero es ya un lince muy viejo, al que le falta el pincel de una de sus orejas, y aunque todavía tiene una cierta agilidad, ya se le van notando los años en sus ojos, ojos que nadie sabe qé y cuántas cosas habrá visto por estas sierras perdidas del sur de España. Quién sabe si debido a su edad, hace tiempo que no tiene territorio, y desde entonces vaga de un lado para otro buscándose la vida, cada día en un punto distinto de la sierra. En el año 2006, los científicos del Proyecto Life colocaron un collar radiotransmisor a este lince y le dieron el nombre por el que lo conocemos, y desde entonces ha sido sin saberlo un fiel colaborador de la ciencia para que hoy podamos saber un poco más sobre las costumbres y los movimientos de este escaso animal.

Si entre todos hacemos algo por evitar su extinción, grandes y viejos gatos como Cerrajero podrán seguir siendo los protagonistas de numerosos comentarios como este en pro de la supervivencia del lince ibérico. Si no se cumplen estas condiciones, los linces jóvenes nacidos este año tendrán muy difícil la tarea de llegar a ser abuelos algún día. Nuestra especie tiene mucha culpa de que este animal esté al borde mismo de la extinción, por eso somos nosotros mismos los que más podemos y debemos hacer por evitar su desaparición. Sólo nosotros, unidos entre administraciones, dueños de fincas, voluntarios y usuarios de este espacio natural que compartimos hombres y linces, estamos capacitados para evitar que el fantasma de Sierra Morena se convierta en una leyenda.


martes, 1 de enero de 2013

resumen 2012


El año 2012 ha tenido sus inconvenientes, algunos malos y otros peores, pero también ha tenido sus cosas buenas. Una de esas cosas buenas que ha tenido este año es el archivo fotográfico que ha resultado de las numerosas esperas sin ver ni un bicho, de los kilómetros hechos con el coche, de las críticas de algunos que no conocen suficientemente bien a la fauna, de las "peleas" con mis padres para que me presten el coche, del frío, del calor, de la lluvia, y también, cómo no, de las buenas compañías en esas esperas al lince o a los buitres, de las veces que sí que ha hecho buena temperatura dentro del hide, y de las veces, las mejores eso sí, en las que casi te dan ganas de llorar cuando por fin te entra el bicho que estás esperando, porque no todo en la fotografía que a mí me gusta hacer es sufrir como se suele decir, no sé si para fanfarronear. De todo eso, queridos amigos, ha salido esta especie de video, espero que os guste. Está montado rápidamente y sin cuidar demasiado la parte técnica, y aparte no han cabido todas las fotos que yo quería meter, pero quería hacerlo corto para que no aburriera. La música usada es una base de rap, no conozco a su autor pero al parecer es libre. Y cómo no, muchas gracias a todos por comprender los mensajes que quiero divulgar a través de este sitio.

domingo, 23 de diciembre de 2012

127. la reina del río



Desde tiempos ancestrales, siempre hemos visto la conducta de los animales desde un punto de vista quizá demasiado humano, antropocentrando su comportamiento en base a unos parámetros que no suelen salirse demasiado de los de nuestra propia especie. Esta manera de ver las cosas nos lleva a pensar, por ejemplo, que el guepardo mata a su presa en medio segundo rompiendo su columna cervical porque posee un alto grado de compasión que lo lleva a ejecutar a sus víctimas en un tiempo breve, que la hembra de culebra de herradura es la más fría de todas las madres porque abandona sus huevos nada más concluir la puesta, o que el joven pollo de rapaz diurna es de una cainista crueldad porque mata a su hermano menor más débil mientras su madre campea fuera del nido en busca de alimento.

Mucho se ha hablado ya sobre los imperativos que se encargan de escribir el guión del comportamiento de los animales, y a pesar de ello pocos mortales urbanos suelen tener en cuenta que la mayoría de los representantes de este reino basan su conducta en en unos parámetros mucho más cercanos a una conducta instintiva, es decir, genética, que a la puramente aprendida o incluso lúdica, pero esto no siempre es así a raja tabla, o al menos no de una forma tan matemática como nos gusta pensar a menudo. Los animales, como ya hemos dicho tantas veces en este blog, actúan por instinto, aunque también sabemos de sobra que existen excepciones que incitan a algunas especies zoológicas a actuar en base a sus sentimientos por encima de cualquier impulso genético que tengan escrito en su mente. Este pequeño preámbulo sólo pretende señalar que este tipo de comportamientos por puro placer, fuera del campo de los mandatos extrictamente genéticos, no es exclusivo de la especie humana. Cada especie animal es distinta, y no todos son completos robots.

Hace tiempo ya que descubrieron los científicos, y principalmente los etólogos, que una de las principales características que inducen a un animal a tener un comportamiento que nosotros catalogamos como humano, o sea, premeditando las acciones que va a realizar con algún tipo de intencionalidad o interés particular, como por ejemplo jugando sin ser una cría, volando por el simple hecho de entretenerse, usando herramientas para llevar a cabo algún fin o incluso practicando el sexo por puro placer fuera de la época de celo, es la inteligencia. Yo creo que nos sorprenderíamos si llegáramos a conocer cuán llega a ser la cota que alcanza el nivel intelectual de muchos de los animales a los que consideramos torpes desde el punto de vista de la razón.

Entre los animales más inteligentes que existen sobre la faz de la Tierra después del Homo sapiens, por citar algunos ejemplos, podemos encontrar a los incansables delfines, los pesados elefantes e incluso las juguetonas nutrias, protagonistas precisamente de esta página de nuestro cuaderno de campo. Y digo juguetonas porque si de entre todos los representantes de nuestra fauna ibérica tuviéramos que elegir uno solo para seleccionarlo como compañero de juegos de nuestros hijos, hasta el punto de que llegaría incluso a cansarlos, ese animal sería sin duda alguna la nutria paleártica. Sí, hemos leido la nutria, y no un cachorro de perro como podrían pensar muchas personas.

Muy perseguida desde hace muchos años por pescadores, peleteros y demás tipos de humanos de todo el mundo, nuestra nutria, mejor conocida como Lutra lutra en el argot científico, parece que ya no tiene más remedio que adaptarse a las cada vez más contaminadas y menos oxigenadas aguas de nuestras cuencas fluviales. Yo las he visto jugar con bolsas de plástico y latas de refresco mientras nadaban en las opacas aguas de nuestro "Río Grande", el Guadalquivir, una imagen por cierto particularmente graciosa para el humano poco familiarizado con esto a lo que llamamos conservación y quizá demasiado acostumbrado ya a los papelitos y las botellitas marrones que siempre dejamos por el suelo de cualquier área recreativa de cualesquiera de nuestros espacios naturales y que quizá vería esta imagen con los mismos ojos que yo puedo ver las amapolas en medio de un seco trigal amarillo a mediados del mes de junio, pero que desde el punto de vista de la Naturaleza que nos mantiene vivos no es más que un granito de arena más en ese desierto que estamos creando, una célula más en ese tumor maligno que hemos regalado a nuestro planeta y que cada año se expande a un ritmo más dinámico.

Aunque solo sea por lo bien que nos cae, por lo entretenido que llega a ser el mero hecho de verlas pescar o jugar entre ellas o por la gracia que hace a los niños su rechoncha nariz o su forma de andar, vamos a intentar cuidar nuestros ríos lo máximo que podamos para que nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos y los hijos de los hijos de nuestros hijos puedan disfrutar al máximo no solo de la nutria que siempre ha estao en nuestros ríos, sino del resto de elementos tanto zoológicos como de otras índoles que dependen de ella y de las propias cuencas fluviales y así consigamos que la base del mundo que sostiene nuestra vida, que es la Naturaleza, siga funcionando a un ritmo que permita a esos hijos de los hijos de nuestros hijos morir de viejos y no de asma, de cáncer o de cualquiera de esas enfermedades modernas propias de los entornos desarrollados y castigados por la mala gestión de nuestros recursos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

126. nuestro patrimonio más valioso



Las recientes lluvias de los últimos días han hecho cambiar tanto el paisaje que todavía hoy me sorprendo cuando me asomo a alguna zona que hace poco más de un mes tenía un aspecto que poco se parece al actual. Un delicado manto verde inunda desde hace unas semanas el oscuro tapiz de la gran sierra septentrional de Andalucía, aclarando su piel hasta un nivel que en muchas zonas bien podría parecerse a ese claro y brillante verdor de las sierras del norte de nuestro país.

Bien entretenido estaba yo fotografiando estos cambios paisajísticos con el teléfono móvil para enviarle la imagen a un amigo a través de uno de estos modernos programas de chat que usamos hoy día casi todos los habitantes de la urbe para que viera lo bonito que estaba el paisaje estos días en esta parte de la sierra, cuando justo al girarme para volver sobre mis pasos y llegar hasta donde tenía el coche me encuentro con este fantasma, cara a cara, a tan poca distancia de mis incrédulos ojos que tuve incluso que dar un par de pasos hacia atrás y recoger el teleobjetivo que colgaba de mi hombro hasta los 150 mm de distancia focal para poder conseguir una fugaz foto de su figura sin que ninguna parte de su cuerpo se me saliera fuera del encuadre.

Algo buscaba nuestro amigo, su conducta dejaba entrever su escasa prisa; su atención, aparentemente pasiva, estaba tan sumida en su propósito que apenas me dedicó una efímera y despreocupada mirada de reconocimiento interespecífico. Ni corto ni perezoso se levantó, se acercó todavía más a mí, atravesó la valla por debajo y siguió su campeo lentamente con el orgullo que corresponde al que es probablemente el más perfecto de todos los matadores solitarios del Paleártico.

Así, queridos seguidores de mi cuaderno de campo, es como me he topado yo con este bello animal, al margen de la opinión que pueda tener quien piense que la simple realización de una mera foto lleva siempre necesariamente implícita la correspondiente molestia al animal protagonista de dicha imagen. Digo esto porque he oido a mucha gente criticar a los fotógrafos linceros (incluido un servidor) y después los he visto hacer cosas en el campo que ya quisiera para sí el más hipócrita de los ecologistas de salón. Desde luego, si hubiera que presentar un video de los hechos como prueba junto a cada acusación que se hace, pocos envidiosos iban a tener la valentía de tirar esa primera piedra de la que tanto se suele hablar.

Bien está que el lince lo disfruten los naturalistas profesionales que trabajan con él (en la mayoría de los casos con resultados positivos), bien está que el lince los disfruten los paseantes y senderistas que de forma fortuita se crucen con él en alguna de sus caminatas de domingo bañado por el sol, bien está que disfrute del lince su propia madre cuando éste todavía no ha alcanzado la edad propia de la emancipación, bien está que lo disfruten incluso los monteros cuando arma en mano se disponen a patear la sierra en busca de algún ungulado que les alegre el día... pero también está bien, pienso yo, que unos pocos que respetamos al gran gato (y todos los que hemos compartido esos lugares que todos los linceros conocemos sabemos o creemos saber de qué pie cojea cada observador) disfrutemos también de su presencia y sus observaciones con el respeto que siempre le hemos tenido. Quien realmente conoce al lince sabe que una persona que permanece estática como una gárgola durante todo el día en uno de esos lugares públicos difícilmente va a provocar molestias a nuestro querido protagonista, pero otra cosa bien distinta es actuar de cualquier manera que sea claramente intrusiva sin dejarles vivir su vida, persiguiendo una asquerosa foto como único fin.

Al lince hay que protegerlo, y pienso yo que una de las muchas formas que existen para hacerlo es, por ejemplo, publicando imágenes suyas y haciendo a la vez de divulgador científico de los beneficios que aporta esta especie en el equilibrio de nuestra biodiversidad. No hay mejor forma de fomentar el amor a la Naturaleza que actuar como comunicadores de nuestro patrimonio natural. Como ya dije en otra ocasión, escribir es fácil si se tienen ganas y tambien si se conoce bien el tema sobre el que se está escribiendo, y bien sabe quien me conoce y me lee que es precisamente eso lo que yo intento, aunque a veces no llegue a conseguir que el número de lectores sea demasiado alto. Sinceramente, con que alguien capte el mensaje de lo que intento transmitir y cambie de alguna manera su conducta en pro de una mejor conservación de nuestra Naturaleza, yo me doy más que por satisfecho. Sólo en esos casos merecen la pena tanto el tiempo como el dinero que se me van en esto, que bien podría invertir en descansar en el brasero de mi casa leyendo un buen libro, o bien en salir los sábados por la noche para encontrar esa novia que todos los esclavos de las costumbres impuestas por la cultura humana me aconsejan para "quitarme los pájaros que tengo en la cabeza", pero que sin embargo invierto en algo que no me da de comer, pero sí que me da ganas de comer, y eso creo que es importante. Y si encima consigo que algunos miren al campo con mejores ojos, mejor.

Quizá sea cierto que hoy día hay más gente en el campo observando linces "por culpa", como dicen, de las innumerables publicaciones que se hacen en todos los medios disponibles, sobre todo en internet (lo cual, en principio, no tiene por qué tener consecuencias tan dramáticas), pero en cambio creo que también hay más amantes de nuestros gatos gracias a esas publicaciones de las que hablamos tanto en un sitio como en otro. Precisamente, uno de los atractivos con que el Parque Natural de la Sierra de Andújar, el Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro y el Parque Nacional de Doñana se venden a sí mismos es el lince ibérico, así que vamos a observarlo mientras lo podamos hacer de alguna forma inocua y legal, pero con el respeto que se merece. En general, y hablo en términos estrictamente estadísticos, creo que no nos portamos tan mal en el campo; otra cosa son los coleccionistas de fotos que se hacen llamar naturalistas, una minoría por cierto, pero suficientes para manchar la reputación del más respetuoso de los amantes reales de la Naturaleza.

Por otro lado, y cambiando ya de tercio, los más puristas de la fotografía de naturaleza reiterarán una y otra vez, y además con toda su razón, que esa valla algo difusa de la imagen, tan odiada como inoportuna cuando no la queremos en las fotos, no es precisamente uno de esos elementos que se vayan a encargar de realzar la fuerza de la imagen, si es que esta imagen puede tener fuerza, pero yo creo que el momento vivido vale más que cualquier mero montón de píxeles.

Pongo la imagen en vuestras manos para que me digáis (no seáis malos, jeje) si la valla es algo que destroza la imagen o si por el contrario podemos considerarlo como algo propio desde hace ya unos años en la mayoría de los territorios de nuestros grandes gatos. Pongo en vuestras manos también el texto, para que reflexionemos sobre los riesgos que puede tener y de hecho tiene actualmente el turismo verde, y para que también, en base a lo explicado, sepamos elegir mejor el color de la ropa que nos ponemos y el volumen de voz que usamos con vuestros semejantes cada vez que paseamos por algún espacio natural protegido en cualquier tarde de domingo, porque si es cierto que en la mayoría de los casos el paseante lleva la mejor intención del mundo en ese entorno que desea visitar, también hay que tener en cuenta que muchas veces, sin quererlo, podemos causar alguna pequeña molestia a la fauna, que con unas mínimas nociones sobre comportamiento y educación ambiental podríamos evitar fácilmente.

De esta forma, cuando volvamos de nuestras jornadas de observación, de fotografía o de paseo, quizá lo hagamos con más y mejores imágenes en nuestro archivo o en nuestra retina, que también podremos utilizar o no como embajadoras de nuestro gran gato cerval, y tanto los agentes de la autoridad como los guardas estarán más conformes con nuestra conducta.

viernes, 2 de noviembre de 2012

125. la mansión del gran monje



Hace ya bastantes horas que aprieta el sol en uno de los muchos bosques mediterráneos que nutren de oxígeno el todavía impoluto aire del norte de Extremadura, para muchos el paraíso de las aves en España, cuando un adulto de buitre negro extiende una de sus grandes alas para intentar proteger a su único pollo del tórrido sol estival que impera ya desde hace muchas semanas en lo alto del nido en pleno mes de julio.

El buitre negro, que con sus casi tres metros de envergadura ostenta orgulloso el título y el honor de ser ave más grande de Europa y una de las especies orníticas más voluminosas y pesadas del mundo, poco a poco va abriéndose hueco en nuestras no demasiado grandes extensiones forestales, subiendo lentamente su demografía a un ritmo que suaviza desde hace ya algún tiempo la preocupación de ornitólogos y conservacionistas, pero que aun así nos recuerda que aun no podemos bajar la guardia, al menos de momento.

Catalogado desde el año 2008 como “Casi Amenazado” según la Categoría Mundial IUCN, y como “Vulnerable” en la Categoría España IUCN en 2004, a nivel mundial la población de buitres negros se puede mantener, pero si hablamos sólo de España la situación es menos favorable, de hecho esta especie estuvo en grave riesgo de írsenos de las manos hace ya algunas décadas. Concretamente en los años 70 contábamos con sólo unas 200 parejas, frente a las cerca de 2440 que se estiman actualmente en base a los datos obtenidos en el Censo Nacional desarrollado por SEO/BirdLife en el año 2006.

El uso de venenos no selectivos (como ya se dijo en otro artículo) y las malas prácticas de los coleccionistas de huevos (por suerte ya casi extintos) han influido mucho en la situación que ha sufrido durante años esta especie, muy fácil de confundir a simple vista con la figura de su poco más pequeño hermano, el buitre leonado.

Después de una larga y calurosa sesión, me atrevería a decir incluso que aburrida (ya que la fenología reproductiva del buitre negro es una de las "digestiones reproductivas" más pesadas de nuestras latitudes y, estadísticamente hablando, en un solo día no suele pasar nada que sea realmente interesante desde el punto de vista de la dinámica fotográfica), del madrugón padre y de un viaje en coche de 5 horas hasta llegar a casa de madrugada mas el precio del respectivo combustible de la ida y de la vuelta (10 horitas a 2700 rpm), de la comida y en definitiva de todo lo relacionado con la realización de la foto, que dicho sea de paso salió de mi bolsillo, uno se acuesta tranquilo (tarde, pero tranquilo) con la convicción de que el viaje para ver a esta gran joya de nuestra fauna ha merecido la pena. A decir verdad, siempre merecen la pena los kilómetros, el dinero invertido y el esfuerzo en general, aunque no se hagan fotos a la primera (que suele ser lo habitual), ya que siempre se aprende algo y se viven cosas imposibles de plasmar en una imagen o en las letras manuscritas de un cuaderno de campo.

lunes, 8 de octubre de 2012

124. el fantasma de sierra morena


Llevo un tiempo ya detrás del gato. No es fácil verlo de cerca, y mucho menos fotografiarlo en condiciones. Es un fantasma. Cuando lo ves, sabes que estás viendo un fantasma. El fantasma de Sierra Morena, de hecho. Alguien me ha dicho hace poco que al lince no se le ve, al lince se le intuye. Será por eso que es un fantasma. Llevo varias horas acurrucado entre los matorrales y estoy entumecido; esta mañana hacía frío, después vino el calor y el veranillo del membrillo, y ahora vuelve a bajar la temperatura. No sé si para desperezarme un poco o por esa intuición de la que hablábamos, pero me pongo en pie, me doy la vuelta para revisar el paisaje y allí está. Con toda la tranquilidad del mundo, detiene su marcha lo justo para mirarme largamente durante unos segundos. Pero aparte de aprendiz de naturalista, a veces intento ser fotógrafo. Levanto la cámara como puedo con el trípode colgando debajo (recordemos que estaba sentado y me levanté) y le tiro 4 fotos. Y como si yo no fuera más preocupación para él que la remota posibilidad de que le espantara a su conejo nuestro de cada día, deja de mirarme y se pierde lentamente, pasito a pasito, en lo más profundo de la sierra. El resultado, este fugaz cruce de miradas detenido en el tiempo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

123. dame tu mano, hermano



Amanece una bonita mañana del mes de junio, y los vecinos de un pequeño pueblo de sierra y los pueblos cercanos, los forasteros que han pasado aquí la noche y los alumnos de una escuela de parapente, desayunan y se disponen a llegar a una zona cercana para disfrutar de lo que se prevé que puede ser un gran día de vuelo libre.

Hoy hace sol y parece que hay buenas previsiones aerológicas, con un viento suave que permitirá a los alumnos desarrollar adecuadamente su aprendizaje, y además se estima que antes de media mañana romperán las térmicas y se podrán empezar a aprovechar esas ascendencias tan necesarias para subir o por lo menos para hacer un vuelo medio en condiciones y, si se puede, hacer distancia. Recordemos que los parapentes y las alas delta no llevan motor, y como planeadores que son necesitan de estas corrientes para poder ascender o, al menos, mantener la altura.

Desde bien temprano ya hay gente preparando “trapos” y “alas” en el área de despegue, o el despegue a secas, que es como conocemos en el argot del vuelo libre a esos claritos que hay en lo alto de algunas montañas y que usamos para despegar. Los buitres leonados de una colonia cercana, aparentemente pasivos, observan minuciosamente, cada uno desde su respectivo posadero, cómo cada piloto va revisando y preparando su vela.

Poco antes de que el sol haya empezado a calentar, despega el primer parapente. Los pilotos de las alas esperan, a ellos les gusta salir más tarde. El parapente que acaba de salir tiene que irse forzosamente a aterrizar, ya que aún es temprano y el sol todavía no ha calentado bastante como para que las térmicas sean lo suficientemente fuertes, y además el viento para sostenerse en la ladera es todavía muy débil. Sale el segundo, el tercero, el cuarto… todos “pinchan” y tienen que irse a aterrizar; esperemos que el sol caliente pronto, porque ya va haciendo calorcito en el despegue y se suda mucho con el mono puesto.

Los buitres siguen mirando como gárgolas, ni uno solo da un paso al vacío. Parece como si intuyeran que ellos también van a tener que mover las alas si intentan empezar a volar en ese momento. Al mismo tiempo despega otro parapente que parece que mantiene la altura. Claro, ya hay algo de viento y puede al menos mantenerse si no se separa mucho de la ladera.

De pronto algo pasa: un ligero cabeceo, se da la vuelta, vuelve a pasar por el mismo punto y otro cabeceo. Después de unos cuantos giros en “ocho” ya ha dejado la ladera lejos y puede girar esa todavía débil térmica, quizá la primera de la mañana. Un giro, otro giro, centra la burbuja y en cosa de 2 minutos ya ha ganado 50 metros, sin contaminar un solo ápice de aire, sin esfuerzo alguno, sólo con la ayuda del aire y nada más, tal y como han hecho siempre sus compañeros los grandes carroñeros alados. Otros dos pilotos ven lo que acaba de pasar, y como si fueran poseídos por algún tipo de envidia colectiva despegan, enganchan la misma térmica y ganan altura progresivamente.

Justo en ese momento sale un buitre, el primero. Ahora sí parece decidido. Se va derechito a la térmica donde están los parapentes y la gira, tan cerca de los pilotos que casi se pueden dar la mano. Pero la evolución, que ha dotado a los buitres de las alas veleras más eficientes de toda la Naturaleza, supera a la tecnología y deja por los suelos al invento que tan cuidadosamente prepararon Leonardo Da Vinci al principio y Francis Rogallo más tarde, superando con creces la altura ganada por los voladores humanos.

Poco a poco van despegando los buitres, uno a uno, ordenadamente, como si siguieran una especie de protocolo. En menos de 5 minutos el cielo se llena de buitres, seguidos de algunos parapentes y alas delta que salieron después; todos vuelan juntos aprovechando las mismas ascendencias, y nunca llegan a molestarse. Juntos pero no revueltos.

Los buitres, sabios y eficaces voladores desde hace milenios, acaban de demostrarnos que a veces, incluso sin pretenderlo, somos de alguna manera sus aliados indirectos. El hombre, que tantas veces es criticado por muchas de las actividades que realiza en el medio natural, esta vez sin saberlo ha sido un leal compañero, una especie de indicador biológico que ha delatado a estos hábiles planeadores del Paleártico cuándo ha llegado el momento óptimo de iniciar el vuelo.

domingo, 29 de abril de 2012

122. SOS veneno


Imaginaos por un momento un gran bosque. Un eterno ecosistema tan amplio que es capaz de albergar tal variedad de especies animales y vegetales que ninguna fábula descrita hasta el momento sería capaz de igualar. Aparentemente todos conviven mutuamente, y todos se necesitan y se ayudan aunque sea indirectamente y sin saberlo. El conejo necesita de esa hierba que lo nutre diariamente; el zorro, por otro lado, siempre busca al conejo para poder alimentar su cuerpo de depredador; y el águila imperial ibérica, superdepredador porque se alimenta de otros depredadores, a su vez precisa de la carne del zorro para poder cebar a sus pollos; pero es que cuando muera la reina de las águilas, los buitres, que son los sepultureros del campo, serán los encargados de limpiar el campo de la carroña de nuestra escasa imperial. La misma Naturaleza, ella solita y sin la ayuda de nadie, se va gestionando automáticamente sus propios recursos en función de la disponibilidad de alimento.

De esta forma nunca van a sobrar depredadores, porque ellos crían más lentamente, y a la vez jamás faltarán las presas, puesto que estas, aunque acaben en su gran mayoría dentro de las fauces de sus principales depredadores, son mucho más prolíficas que estos enemigos naturales que las presionan. Este es el secreto que nuestra madre Naturaleza ha estado usando durante millones y millones de años de evolución para mantener el equilibrio ecológico que siempre ha caracterizado a esos ecosistemas que nunca han sido modificados por la mano del hombre.

Un buen (o mal) día, un amante de ese “arte” al cual venimos en llamar “caza”, descubre este paraíso, y decide que este es un buen lugar para pasar sus fines de semana cazando conejos, debido a su abundancia. Pero este hombre, viejo ya, de esos catalogados como grandes conocedores (pero no observadores) de la fauna salvaje (cinegética), considera que en ese lugar hay demasiados zorros, y como menos zorros es sinónimo de más conejos para cazar, no tiene otra ocurrencia más rápida y barata que dedicarse a repartir por todo el campo unos pequeños trozos de hígado rellenos con un poco de esticnina, uno de los más crueles, eficaces y potentes venenos que jamás se hayan creado.

Como es “natural”, caen en la trampa los pretendidos zorros, y a su vez todos los depredadores y consumidores de carne de este gran bosque. Automáticamente, todos los carroñeros que habitan en las inmediaciones y que comen los cadáveres de estos seres envenenados también caen en el agujero de la esticnina. Es el principio del fin, la epidemia que poco a poco, inexorablemente, matará desde dentro a todos los carnívoros de nuestro edén, víctimas de un asesino implacable, quizá accidental e inconsciente, que no ha sabido mantener sus propios recursos.

Al bajar el número de los carnívoros que han ingerido este veneno, sube el de los conejos, justo lo que pretendía esta sabia (y no por vieja) persona, que no contaba con un pequeño detallito: al morir la mayoría de los zorros, caen también sus enemigos naturales, carnívoros como él, que eran los encargados de controlar su población. Algunos de ellos comieron veneno directamente, y otros simplemente se alimentaron de los zorros muertos por el veneno. A partir de este momento ya no hay casi nadie que ponga freno a la proliferación de los pocos zorros que quedaron.

Este depredador, sumamente inteligente porque aparte de gestionar la caza de sus presas también tiene que pensar más que otros depredadores para hallar la forma de huir de sus propios enemigos, tal como acabamos de ver se encuentra de pronto con una subida repentina en el número de sus presas y un descenso en el número de sus enemigos. Resultado: los pocos zorros que han quedado después de la aplicación de este veneno suben su número de una forma vertiginosa.

Esto no es una historia inventada, sino algo que ha pasado ya muchas veces en unos cuantos lugares. Una vez más, caemos en la cuenta de lo poco útil que resulta a veces el ser humano para la Naturaleza, y cómo una intención mal estudiada puede desembocar precisamente en el efecto contrario que se pretendía desde un primer momento.

A partir de ahora los cazadores pensarán que digo tonterías, y los amantes de la fauna dirán que tengo razón. En cualquier caso las estadísticas están ahí y son las únicas que realmente son capaces de hablar por sí mismas. Sentarse en una piedra y mirar el campo con un cuaderno de campo y unos prismáticos es fácil si se tienen ganas.

Si ves cebo o un animal envenenado en el campo, no lo toques y llama.
S.O.S. veneno: 900 713 182.

Texto basado en el capítulo "Tití, mi mejor amigo", de la serie de Félix Rodríguez de la Fuente "La aventura de la vida", emitido el día 21 de mayo de 1974 en Radio Nacional de España.


martes, 20 de marzo de 2012

121. indicadores biológicos


Es curioso hasta dónde ha llegado hoy día la mano del hombre en lo que respecta a la Naturaleza. Es curioso, si cabe, el humor y el optimismo con que nos podemos tomar algunas secuencias de la vida salvaje que ocurren en plena Naturaleza. Hoy día, y a pesar de todo, incluso en el centro de una gran urbe podemos encontrar un trocito de esa Naturaleza que ya hemos empezado a perder hace mucho tiempo. El río Guadalquivir a su paso por Córdoba representa uno de esos ejemplos donde hasta la fauna más agreste y esquiva puede convertirse en urbana.

Existen determinadas especies animales que no están adaptadas a la vida en entornos con unos mínimos de contaminación. Son especies cuya presencia en determinadas zonas delata (al menos teóricamente) la falta o escasez de contaminación en un lugar determinado. A este tipo de animales se les suele añadir en numerosas ocasiones el apelativo de “indicadores biológicos”. A estas alturas es muy difícil encontrarse con uno de estos indicadores biológicos en pleno centro de una gran capital.

Una de las especies animales de las que hablamos es la que está representada por nuestra incansablemente juguetona nutria paleártica (Lutra lutra). Si existe algún animal salvaje en el mundo que tenga la capacidad de desentenderse de sus problemas y a la vez sea capaz de desembocar su conducta en la más lúdica y despreocupada de las actividades de juego, ese animal es nuestra inquieta nutria.

Tanto es así, que este indicador biológico no dudaría en usar una parte del regalo que le hemos hecho al río en forma de contaminación como objeto de juego. Es, no obstante, una paradoja que nunca debería de producirse. A mí, si queréis que os sea sincero, no me hace ni pizca de gracia ver a una nutria jugando con una lata de refresco.

miércoles, 7 de marzo de 2012

120. que viene el lobo


Sobre todo esto ya se ha escrito mucho, tanto que a muchos les parecerá un tema que ralla ya en la más insoportable y aburrida de las pesadeces de los que queremos hacer algo por la Naturaleza, y aunque no es mi pretensión principal ser repetitivo ni caer en los típicos tópicos que todo ecologista debe intentar subrayar antes de morir, sí que considero el tema de la suficiente importancia como para añadirle una página más de mi cuaderno de campo, para lo cual os recomiendo que os sentéis y analicéis cada una de las siguientes palabras con suma atención, ya que, como se suele decir a menudo, no es el león tan fiero como lo pintan, y creo que cuando la mayor parte de la gente habla de los lobos (pastores y prensa incluidos), hay tantas cosas que se dicen y no son, y tantas otras que son y no se dicen, que bien merece la pena invertir unos cuantos minutos de nuestras vidas en documentarnos un poco sobre lo que tanto nos gusta criticar.

Desde tiempos ancestrales, siempre hemos sido educados (yo incluido) y hemos educado a nuestros hijos (y ahí ya no entro yo ni entraré) en base a una cultura que desde hace miles de años siempre a procurado mantener a ciertos animales, como por ejemplo los sapos, las serpientes y los lobos, lejos de todo contacto con el ser humano. Estamos, no obstante, ante uno de los seres más perfectos que ha podido crear naturaleza alguna, en todos los sentidos. Tan perfecto es este animal, fíjense ustedes, que ha sabido aprender a evitar al hombre. Es el recuerdo de mil encuentros con el ser humano lo que ha metido en la cabeza de estos seres que no les conviene meterse con nosotros. Puedo afirmar sin equivocarme que si paseamos en solitario por una zona donde habiten lobos en estado salvaje jamás sufriremos su ataque, aunque tengan hambre, durmamos al raso o incluso cojamos a sus crías. No lo digo yo, los datos están ahí. Y quien quiera afirmar lo contrario, tal como dice David Nieto (autoridad en la conducta del Canis lupus signatus), es que no conoce en profundidad ni los fundamentos de la depredación de los cánidos ni otras particularidades etológicas de esta bella especie.

No sabemos cuando hablamos de lobos, por ejemplo, que muchos ataques de lobos a personas fueron realmente protagonizados por perros asilvestrados criados y posteriormente abandonados por el hombre. Así mismo, hace muchos años era habitual enmascarar oscuros crímenes humanos usando a los lobos como supuestos asesinos. Pero aquellos eran otros tiempos.

Los lobos, o mejor dicho, los cánidos, no cazan cuando tienen hambre. Dicho de otra forma, no es el hambre en sí lo que lleva a una manada de lobos a perseguir a un muflón. Digamos que poseen un instinto de depredación que los lleva a dar caza (o intentar dar caza) a todo animal que se encuentran en su camino que sea lo suficientemente grande como para poder compensar y recuperar la energía que se pierde en cazarlos, tengan hambre o no, y enseguida lo explico. No es habitual que una manada de lobos cace a la primera, de hecho lo raro es que tengan éxito en todos sus ataques a posibles presas. Cada vez que pierden un lance, va mermando su interés en seguir cazando, hasta que de alguna manera “sacian” su “apetito cazador”, momento que suele coincidir, estadísticamente hablando, con el lance definitivo, o sea, cuando pierden a la vez su hambre (al poder comer ya por fin la presa cazada) y sus ganas de cazar. Si tienen mucha suerte y sacian su hambre con una presa cazada demasiado pronto, seguirán cazando aún sin hambre, hasta que vean colmado su estímulo de caza. Recordad estas últimas palabras, porque serán de utilidad más adelante.

Se ha podido comprobar, en las zonas donde conviven lobos con ganado doméstico, que si se mantiene a estos cánidos con una relativa abundancia de sus presas naturales, jamás atacarán al ganado, puesto que para ello tienen que entablar más contacto con el hombre que el que quisieran, lo que les obliga a darse media vuelta e intentar depredar sobre otras especies como ciervos, gamos, jabalís o muflones. Pero si el hombre, en su afán de cazador, acaba con estas potenciales presas en las monterías (muy importantes por el contrario para la nutrición del buitre negro y otros necrófagos, ya lo explicaremos otro día), los lobos no van a tener más remedio que buscar su comida a través de la única alternativa que les hemos dejado nosotros mismos: el ganado doméstico.

Para un cazador experimentado como el lobo, las ovejas son presas demasiado débiles, demasiado fáciles. No pueden huir, y además el lobo que entra en un establo siempre se encuentra con demasiadas cabezas de ganado juntas, a menudo formando rebaños de varios centenares de ejemplares. Cuando una manada de lobos alcanza a uno de estos rebaños, se encuentra con que da caza demasiado pronto y sin apenas esfuerzo a una presa demasiado fácil, sin todavía haber colmado su estímulo de caza. Digamos que, aunque estos lobos ya tengan asegurado su alimento, como dijimos anteriormente su instinto lleva a estos animales a seguir cazando, para lo cual no pierden el tiempo. Los lobos saben que el hombre anda cerca del ganado, por eso en cuanto consuman su instinto predatorio comen raudos de donde pueden y abandonan a toda prisa el lugar, dejándolo todo lleno de cadáveres de ovejas.

Pero aunque explicando la base de la depredación de estos cánidos quizá podamos defender la conducta de los lobos desde el punto de vista etológico, sí que es cierto que nunca podremos justificar las consecuencias de este tipo de comportamiento desde la base del interés antropocéntrico que caracteriza a nuestra especie. Mucho antes de que la mano del hombre descompensara el orden trófico que mantenía el equilibrio ecológico que imperaba en todas las latitudes de la Tierra, los lobos podían autoabastecerse suficientemente con sus presas naturales. Desde el momento en que la actividad humana tomó la voz de mando de una Naturaleza que no entendía y empezó a provocar la escasez estas presas, los lobos no tuvieron más remedio que enfrentarse al hombre para poder nutrirse de su ganado doméstico. Ancestralmente, tradicionalmente diría yo, tanto los lobos como la ganadería extensiva de montaña siempre han sido imprescindibles en nuestra Naturaleza por unos motivos o por otros, y lo más curioso de todo es que estos dos elementos siempre han convivido en armonía mientras hemos sabido compatibilizar a ambos en su medio, pero eso es algo que por desgracia ya no sabemos hacer como antes. Estamos ante uno de los principales retos actuales en cuanto a conservación de especies, y si no ponemos todos de nuestra parte nunca llegaremos a recuperar con la Naturaleza esa simbiosis que perdimos con ella hace ya mucho tiempo.

Yo no me he criado en tierra de lobos, no he sido pastor en tierra de lobos, y tampoco me he puesto una corbata en una reunión burocrática con el lobo como tema principal. Al contrario de lo que me puede pasar con otras especies animales, casi todo lo que sé de lobos es porque lo he leído, me ha informado algún entendido en cánidos o lo he consultado en algún documental especializado, por tanto no puedo decir que sea un experto en lobos. Como decía al principio de este texto, sobre todas estas cosas ya se ha escrito mucho, y se seguirá escribiendo. No obstante, creo que las palabras en favor de algo que se nos hace necesario nunca sobran.

Sabias palabras sobre el lobo son las que se encuentran a veces en algunos libros como por ejemplo el titulado “Etología del lobo y del perro”, de David Nieto Maceín, que como dijimos anteriormente es una autoridad lobera y además una persona que aún habiendo trabajado como pastor en tierra de lobos supo amarlos como debía, precisamente porque conocía al lobo tal y como es en realidad, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Es un libro que recomiendo a todo aquel que quiera saber algo más sobre la conducta y la conservación del lobo en la Naturaleza (y que conste que nadie me ha pagado para decir esto, jejeje).

No debemos olvidar que los lobos, igual que otros tantos animales, están aquí desde mucho antes que nosotros. Poco a poco hemos ido colonizando sus territorios en pro de nuestros intereses, y es ahora cuando estamos pagando las consecuencias. Es muy importante, si vamos a criticar algo, saber de lo que estamos hablando. No vale la excusa de que “lo tuve que matar por si me atacaba”. El peor enemigo del lobo es la ignorancia.